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Rafael Flores (1832-1886)

¿1880?

Óleo sobre lienzo

El retrato en la Nueva España, fue un recurso que ayudó a legitimar una identidad cultural propia, en una sociedad en donde la jerarquía ocupaba un lugar primordial. Una de las virtudes más importantes de la nobleza, fue la religiosidad, es por eso que en este género pictórico se buscaba resaltarla, y los retratos de las mujeres que habían profesado en un convento, cumplían con esta función.

Lo que observamos en este lienzo es una escena sencilla, en donde cada uno de los rasgos que nos ofrece el personaje se convierten en la razón de nuestra interpretación. Así, la cabeza inclinada y la mirada baja, las manos unidas en el pecho y ocultas bajo las bocamangas, expresan tanto el recogimiento de la orden a la que perteneció la mujer, como el cumplimiento de uno de los votos solemnes que constituyen el estado religioso, la obediencia; vista como un sesgo de humildad, más no de sumisión, y considerada como una virtud.

De la misma manera el hábito de lana burda que porta, se identifica con la vestimenta utilizada por quienes pertenecían a un tipo de vida religiosa austera, es decir, las llamadas descalzas, de vida común o recoletas. El color café del sayal, nos lleva a inferir que la religiosa perteneció a una rama proveniente de la orden franciscana, como la Capuchina. El velo negro, significa que es una monja profesa, y el elemento esencial que ofrece una oportunidad de reconocer al personaje, es el escapulario, de color rojo con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, ambos elementos difieren de los retratos de monjas pertenecientes a esta orden, realizados en México, conocidos comúnmente, y que pertenecen a los siglos XVIII y XIX.

Debido a su fisonomía, así como a las características singulares en su representación; y como una hipótesis, la religiosa podría ser Sor María Ana Bernáldez, esta identificación se establece gracias a la imagen de la portada del libro biográfico de la fundadora del Instituto de Capuchinas Sacramentarias, en donde se presenta el retrato de una mujer de rasgos muy similares a la que podemos observar en la pintura.

Sor María Ana Bernáldez

Fundadora del Instituto de Capuchinas Sacramentarias

María Guadalupe Bernáldez Herrera (1832-1895), quien llevo en religión el nombre de Sor María Ana, fue parte del convento de monjas Capuchinas de san Felipe de Jesús, de la ciudad de México. Después de vivir los intensos cambios políticos y sociales ocasionados por la alternancia entre los gobiernos de liberales y conservadores, que se tradujeron en diversas exclaustraciones, pérdida de bienes y a juicio de Sor María Ana, en el descuido de la exacta observancia de la Regla; decidió llevar a cabo la primera fundación de la comunidad de las Capuchinas Sacramentarias, con el compromiso de observar en todo la Regla de las Capuchinas y de dedicarse especialmente a la adoración perpetua del Santísimo Sacramento.

El retrato de Sor María Ana, fue realizado un año después de la fundación del Instituto, cuando la religiosa tenía 48 años de edad, mismos años que el artífice, Rafael Flores. Este pintor perteneció a la Academia de San Carlos, primero como un destacado alumno y después como docente, fue una persona de pensamiento conservador y se caracterizó por su preferencia en representar temas religiosos, vistos por lo regular, bajo una óptica serena, de gran suavidad y delicadeza.

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